Infrasonido
Se puede medir con:
✓ medible con el air-Q Science bajo petición.
air-Q con un sensor para Infrasonido
Origen/Presencia:
El infrasonido se genera tanto de forma natural como a través de fuentes técnicas.
Los desencadenantes naturales son, por ejemplo, el viento, las tormentas, las tempestades, el oleaje marino, las cascadas, los terremotos o los volcanes.
Las fuentes técnicas de sonido de baja frecuencia y ruidos de baja frecuencia incluyen, entre otros, grandes motores, rotores, generadores, compresores, transformadores, instalaciones de ventilación, bombas de calor, instalaciones industriales, el tráfico, los aviones, los sistemas de altavoces o las voladuras.
Las máquinas, las instalaciones técnicas del edificio o los sistemas mal desacoplados también pueden causar zumbidos, oscilaciones y vibraciones.
Dado que las frecuencias bajas se propagan a largas distancias y pueden poner en vibración elementos constructivos, el infrasonido no solo aparece al aire libre, sino también en espacios interiores, entornos residenciales, áreas de trabajo e instalaciones técnicas.
Valores límite:
Para el infrasonido no existe un valor límite simple y generalmente válido como ocurre con muchos contaminantes químicos del aire.
La evaluación suele depender de la frecuencia y depende, entre otros factores, del nivel de presión sonora, el espectro de frecuencias, el lugar de medición, la duración de la exposición, la hora del día y el entorno.
En Alemania, las inmisiones de ruido de baja frecuencia se evalúan, entre otros, mediante la TA Lärm y la norma DIN 45680. En ello no solo se considera el volumen, sino también el rango de frecuencias en el que se produce la carga.
Por ello, una medición acústica adecuada es especialmente importante, ya que los valores dB(A) clásicos a menudo solo reflejan de forma limitada las frecuencias bajas, el ruido de baja frecuencia, el infrasonido y posibles fluctuaciones de presión atmosférica.
Consecuencias:
Por debajo del umbral de percepción, según el estado actual del conocimiento, no se han demostrado efectos negativos comprobados para la salud.
Sin embargo, si se percibe el infrasonido o el sonido de baja frecuencia, puede resultar molesto, agobiante o desagradable.
Las percepciones típicas son sensación de presión, zumbido, sensación de vibración, oscilaciones en la habitación o un ruido difícil de localizar.
Con niveles perceptibles o muy altos pueden producirse trastornos de concentración, trastornos del sueño, fatiga, dolores de cabeza, malestar o reacciones de estrés. Con niveles de presión sonora extremadamente altos también son posibles dolores al oír o daños auditivos.
Nota:
Una medición es importante, ya que el infrasonido y los ruidos de baja frecuencia a menudo no son claramente audibles, pero aun así pueden percibirse como una carga de ruido.
Sensores como el sensor air-Q ayudan a medir el infrasonido, visualizar eventos sonoros, la evolución de los niveles, los patrones temporales y posibles fuentes técnicas de ruido.
La medición es especialmente útil cuando las molestias solo aparecen en determinados momentos o podrían estar relacionadas con instalaciones, tráfico, ventilación, bombas de calor u otras fuentes.
Así se pueden clasificar mejor las anomalías y compararlas con factores ambientales como la calidad del aire, la presión atmosférica, el CO₂, los COV, la temperatura u otros valores medidos.
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